Mostrando entradas con la etiqueta Hugo Ortega Vázquez. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Hugo Ortega Vázquez. Mostrar todas las entradas

martes, 30 de agosto de 2016

MIEDØ

Por Hugo Ortega



Y en la burbuja salina de tu llanto,
una niña me reveló el enigma de su historia.
Himno de tu miedo
inerte,
corrosivo, anida en tu desvelo.
El secreto trepida en tus mejillas,
destila magma silenciosa
disolviendo en fragmentos
la máscara de mármol
que te cubre el alma
Deberías guardar los restos
bajo tu almohada,
los trozos que aún perciben las caricias
y para cuando sueñes con la muerte
la encares con la mitad de tu rostro
No temas el peligro
de nombrarte cuando vuelvas,
las esquirlas que te aguardan
reinventarán tu sonrisa
y los huesos fracturados,
la turbación de tus arterias
Deja que limpien mis tactos
la jaqueca de tus memorias,
la batalla de tu miedo
a lo inevitable.
Mi tacto de olvido y deseo
que te idolatra cuando duermes.
Tan sólo advierte la armonía tímida
de los besos de mis dedos
sobre los poros de tu frente
y en los linderos de tu boca,
el ansia que me carcome al mirarte.


Hugo Ortega Escritor de poesía y cuentos cortos. Ha participado en tres antologías "Lascivo" "Sobrevivientes" "Narrativas arrabaleras" Ha publicado en la gaceta de la universidad obrera. Pertenece al colectivo "Laberinto de palabras" donde a la fecha imparte un taller de creación literaria en la casa de cultura "Casa refugio Hankili África". Se gana la vida en el comercio informal en el barrio bravo de tepito. Encuéntrelo en Fb como: Hugo Ortega Vazquez

lunes, 29 de agosto de 2016

DEL BESO QUE TODOS HABLAN



Por Hugo Ortega
Por Hugo Ortega
Por Hugo Ortega

“Lo seguía un joven envuelto solamente 
con una sábana y lo sujetaron;  pero él 
dejando la sabana, se escapó desnudo…” 
(Marcos 14: 51 – 52)


Mi madre fue la gran ramera de los carpinteros en Nazaret de Galilea y de las legiones romanas plantadas en Israel. Entregó su cuerpo a muchos hombres, pero en particular a un asesino. A mi verdadero padre. Ese besuqueo grotesco que antecedió al acto carnal fue la mayor deslealtad en mi vida. Ahí comienza mi suplicio. José el carpintero, me adoptó tiempo después. Con todo y su absurda decrepitud ¡Pobre! Su dulce venganza fue la de liberarme de los brazos maternos y aislarme entre miserables sabios esenios de barbas largas y andrajosas vestimentas. ¿Dónde se encuentran esos viejos ahora que más los necesito? ¿Dónde se encuentran todos mis seguidores; los que me alababan como su redentor? Crecí con ese menosprecio y alabanzas divinas envueltas en pergaminos revolucionarios, que anunciaban la venida del hijo de Dios. Al nuevo Mesías de Israel. Siempre me pregunté y aún ahora en la condición en que me encuentro lo hago: ¿Quién será el salvador de la despreciable humanidad?.
Mi procreador, el soldado romano, se fue a desperdigar su simiente entre las piernas de indefensas nazarenas. Ilusionando de vanaglorias a la triste incauta. A la que este día me llora. Jamás supimos de él. Miriam vivió infeliz, llorando, maldiciendo a Dios. Me transmitía por sus glándulas mamarias el desprecio hacia el mundo. Y hoy me dicen mis captores, que el beso que me brindó Judas Iscariote aquella noche significa la mayor traición. ¡No lo creo! Pude sentir su boca seca, temblaba como daga en mis labios desérticos y su doloroso sacrificio rasgando lento mi alma por las últimas palabras que me susurro al oído. ¿A que ha venido el hijo de Dios al mundo? ¿Has necesitado de mí para eternizar tu vanidad? O ya supiste del aberrante desprecio que Dios te tiene. Solo tú y yo sabemos la verdad Jesús de Nazaret. Con ese testimonio me di cuenta de todo.
Solo callé, no supe que decir. Agaché la cabeza y pude mirar mis pies descalzos cobijados por la tierra senil de la montaña. ¡Padre, por qué me has abandonado! Necesitaba del legionario que me dio la vida. Me llevaron preso y nada de lo que pensé que pasaría al entregarme a Roma resulto ser. Los niños corrían y jugaban a lapidar lagartijas, uno que otro me miró, mientras sus mayores señalaban con el dedo al delincuente que cargaba la cruz. Los mismos que dieron muerte a Magdalena envolviendo sus pecados en los labios de las piedras. Los mismos que me juzgaron. Aquellos que se decían mis discípulos me negaron más de tres veces antes de cantar el gallo. Todos salvaron sus pellejos, inclusive Juan hijo de Zebedeo. Hasta la última cena. Mi discípulo el más amado, pudo sentir lo que siempre negué al hombre del beso “traidor”. Estar envuelto entre las sabanas, embriagado de mi sangre y de mi cuerpo. Yo respondía las últimas palabras de Judas. El líquido púrpura que se derramaba a raudales por causa de las espinas y los látigos sobre mi espalda, fueron los testigos. 

El hijo de Dios vendrá al mundo para exterminar a la humanidad con la simple confusión de sus destinos. Los besos de los humanos serán la dulce venganza divina. Entre hombres y mujeres se harán pedazos con caricias y promesas. Nunca conocerán esa verdad que en este instante ocultan los que me han crucificado ¿Por qué me confundieron con su Mesías? Cuando solamente quería enseñar a clamar para derrumbar imperios y demonios. Vivir libres. ¡Me duelen mucho los brazos! El tormento camina despacio y mi corazón comienza a abrir las puertas al olvido de mí mismo. Puedo visualizar el mundo desde aquí, pero no veo a Dios por ningún lado, tampoco a los ángeles que resguardan las puertas del paraíso. Percibo tan solo un par de ladrones que me maldicen y a esos seres humanos que clavaron como pretexto a este hombre que creyó ser el hijo del todo poderoso. La puedo sentir de cerca. La consumación se aproxima. El hijo del omnipotente jamás hubiese sentido dolor alguno y yo no soporto las miles de heridas. Pero me he dado cuenta de una cosa que me negaba a aceptar, de lo que soy en realidad; un hombre que no puede contener el llanto ni el arrepentimiento. La hipócrita compasión me ha consumido, es mejor vivir sin ella. ¿Quién querrá ser ese mesías? Yo no lo soy, no lo soy. No puedo ser más que el hijo de una prostituta y un mercenario. Si los besos significan traición ahora, entonces el mundo estará lleno de amantes falsos. Judas besó mis labios, si, en ese roce arrancó de mí, todo el deseo que le negué. Arrebató de mis labios ese amor que le brindé a los insignificantes hombres, así como las piedras besaron el cuerpo de Magdalena y tomaron su vida, así me besa la humanidad este día ¿Qué pasara después de hoy...? ¿Todo está cumplido? “Consummatum est” (Juan, 19: 30.)



Hugo Ortega es Escritor de poesía y cuentos cortos. Ha participado en tres antologías "Lascivo" "Sobrevivientes" "Narrativas arrabaleras" Ha publicado en la gaceta de la universidad obrera. Pertenece al colectivo "Laberinto de palabras" donde a la fecha imparte un taller de creación literaria en la casa de cultura "Casa refugio Hankili África". Se gana la vida en el comercio informal en el barrio bravo de tepito. Encuéntrelo en Fb como: Hugo Ortega Vazquez.



viernes, 1 de julio de 2016

TAN SØLO EL ALBA

Por Hugo Ortega


CONSPIRACIÓN PARA EL OLVIDO.

Tan solo el alba
vacío de sueños.
Uno de tantos.
cuando la luna sonreía cínica,
mostrándose cómplice
junto a tu gesto menguante.
Maldito afán de conspirar
mientras me alejo de la horca
de tus brazos,
de su afilada ponzoña virulenta.
Temeroso me refugio entre las horas
en vela,
bajo la sombra
de un insomnio hipócrita
que no duerme
que sufre esquizofrenia
Te pienso,
no hay vértigo alguno
ante el precipicio.
La memoria tiembla
y tampoco llega el consuelo.
Dentro de mí la duda crece
¿Dónde está el paraíso de los arrepentidos?

Tus ojos me infunden olvido
no recuerdo mi nombre al estar
frente al espejo,
pero llega inminente
un temible deseo travieso
de perderme en tus mejillas,
que me invade,
y me lacera.
Tengo hambre de tu carne viva
Y añoro el enroscarme entre tus
muslos blanquecinos,
respirar el vaho fresco de tus
fauces supremas
para existir de nuevo
y mirar como la belleza te pincela
de enormes enigmas.
¡Qué acertijos indescifrables te veneran!
que ni con los palmos de mis versos
pude penetrar.
Solo tus labios me brindaron secretos
ocultos en los fantasmas de tu aliento,
acariciándome el alma hasta el fondo
de mis lejanos parajes,
en esas tierras solitarias
donde construiste una ciudad
entera con tus caricias.

Anturios purpura,
anaranjadas buganvilias
adornaban las dunas de mi vientre,
pirules,
jacarandas
y eucaliptos
sobre mi pecho fértil crecían frondosos,
alimentados por el manantial
de tus secreciones tibias.
Ahora no queda nada,
ruinas moribundas,
escombros melancólicos
sepultan las flores marchitas.
Ahora sólo espero en esta trinchera
que forjé con los desechos que dejaste.
Solo espero que la última hojarasca
de los prados
de mi pecho caiga en el olvido,
para convertirme en un desierto.
Y alejarme por fin de la horca de tus brazos
Y alejarme de la ponzoña de estos versos…



Hugo Ortega. (AKBAL) Escritor de poesía y cuentos cortos. Ha participado en tres antologías "Lascivo", "Sobrevivientes", "Narrativas arrabaleras" Ha publicado en la gaceta de la universidad obrera. Pertenece al colectivo "Laberinto de palabras" donde a la fecha imparte un taller de creación literaria en la casa de cultura "Casa refugio Hankili África". Se gana la vida en el comercio informal en el barrio bravo de Tepito. Encuéntrelo en Fb como: Hugo Ortega Vazquez.

domingo, 26 de junio de 2016

LA SIRENA

por Hugo Ortega

Cierra engañosa los traidores labios,
que como fuego crece en el viento,
Aumenta tus caricias mis agravios.
¿Qué cocodrilo, qué sirena fingida
alaba así para quitar la vida?

- Juan Ruiz de Alarcón.

LAS LEYENDAS NO SON FANTASIAS.
El café humeante se impregnó en sus labios resecos, como el pellejo de una serpiente cuando cambia de piel. Al bajar la taza se dio cuenta, que en la mesa de centro aún se conservaba con un aire de frescura aquella foto donde aparecían los tres sonriendo. Las primeras vacaciones juntos. Rebeca, Ernesto, ella y una cascada imponente al fondo ¡Cómplice de mis pensamientos! Pensó en sus adentros Beatriz. Miraba impávida dentro de su cabaña, perdida entre las montañas chiapanecas que se ocultan tras las tormentas de los días de agosto. Una gota regordeta en la ventana se deslizaba lenta, aferrándose al vidrio gélido, como el enorme malestar que sentía Beatriz aglutinarse en su vientre. Rabia mezclada con felicidad y un deseo oculto. Muy oculto como en esa gota espesa repleta de misterio, parecida al líquido seminal de Ernesto recorriendo su garganta.
Lo recordaba perfecto y de inmediato una mueca de satisfacción apareció sorpresiva en su semblante. Como la del domingo en que decidió hacerlo. Bañarse desnuda en el rio de las leyendas. Tan hermosa como Nawayomo. La sirena que reina las aguas de la región Zoque. Disfrutaba el correr del fluido trepidante entre sus muslos. Abría y cerraba las piernas para recibir los besos fríos del caudal apacible. Beatriz lamia su boca tibia, mirando hacia la copa delos árboles, donde los insistentes rayos de sol acariciaban su rostro blanquecino y el viento se guarecía entre sus pechos. Con la yema de sus dedos dibujó un nombre sobre la transparencia acuosa. El nombre de aquel que la miraba a lo lejos, escondido entre los altos encinos, mientras se presionaba la abultada bragueta.
Ernesto Barrera, amante de Rebeca, la mejor amiga de Beatriz. Ernesto, quien días antes declaro a Beatriz el gran deseo que sentía por ella. Mirándola con una obsesión de enfermiza lujuria, le decía musitándole muy nervioso - ¡No se enterara! ¡Te lo prometo! ¡Quiero tenerte, tocarte, sentir el aroma de tu sexo!
¡Rebeca fue solo el pretexto para llegar a ti!

-¡Seguro que nadie se enterará. Mis labios jamás sollozaran nuestro secreto! La voz de Beatriz se advertía dulce y en complicidad con la propuesta, volviéndola a repetir ese mismo domingo en que lo citó en el río. Ernesto la besaba frenético, con una desesperación inusitada devoró su cuello, Ernesto desnudo. La mitad de sus cuerpos era penetrada por millones de litros de líquido, encallándose en cada uno de los resquicios de Beatriz, de donde salía un jugo caliente que se confundía con el raudal cristalino. Nunca dejó de mirarlo, mientras que de su boca emergía el órgano ajeno, bañado de la saliva cálida de Beatriz, “La mejor amiga”. De Ernesto nació un alarido que hizo volar el ciento de aves que presenciaban el secreto de ambos.
En el pueblo llovían los rumores semanas después y el miedo reinaba entre los hombres infieles. Nawayomo volvió para hacer justicia decían las mujeres. La sirena de la vagina dentada. La profecía se cumplía después de tanto tiempo. Encontraron el cuerpo de Ernesto completamente desnudo en estado de descomposición, enredado entre los manglares. Con el miembro viril cercenado.
Beatriz sorbió el último trago tibio de café, sin perder detalle del trayecto de la gota espesa entre los lindes de la ventana. Al fin desapareció de su vista. Tocaron la puerta ¡Debe ser ella! Rebeca entro cabizbaja. Se quitó el impermeable y lo dejó sobre la mesa de centro vacía, tanto o más que su alma. Beatriz miró que portaba un hermoso vestido negro de encaje, el bello cuerpo lleno de luto hizo dilatar sus pupilas. Tomó una manzana roja y le dio una gran mordida. Inmediatamente se la ofreció a Rebeca, quien delicadamente brindó un mordisco. Ambas se miraron y se abrazaron. Beatriz la besó en los labios y le musitó al oído que jamás nadie le volvería hacer daño. -¡Las leyendas no son fantasías Rebeca!-.






martes, 19 de abril de 2016

PAUSA Y SØL por Hugo Ortega Vázquez

 PAUSA.
Se derrite el tibio cielo
sobre tus ojos.
De visita en tu mirada,
el sol se desnuda
y se entrega a tus pupilas.
Dos brillantes les obsequia.
Y después se marcha
a soñar contigo sobre el horizonte.

Marina Gonzales Cornejo.


En – sueño.
El astro comienza a descender cuando te sueña
Y te sueño
Manos de centella abrazadora
se desvían con exactitud hacia tu cuerpo
Insistentes
como mis dedos en la ceguera
del unicornio que asoma su cuerno
en los bosques de mi vientre.
Giras en tu lecho
y el lenguaje de tu piel comienza a descifrase
sobre sábanas que absorben cristalinos deseos
en este hemisferio paralelo que se oculta.
Escondido vapor de incógnitas.
De parafina tu lengua
fina tu dermis teñida de incendios
fina fragancia en la hoguera de los tactos
del ocaso
A soñar contigo sobre el horizonte…
para dibujarte un nuevo cielo
con el pincel de tus cabellos finos
que se aferran al declive del tiempo
Cópulas delineadas
en el lienzo de la bóveda celeste
oleajes de oro
acuarelas de esmeralda fundidas
y los diamantes negros obsequiados
en tus ojos
Atardecer inacabado de rostro azul
ojo de cíclope
mirada dilatada que te envuelve
en su párpado de floripondio azafranado.
Duermes entre cenizas de jadeos tuyos
Y te esparces como hollín
y aceleras el crepúsculo
entre las brasas de jadeos míos.


Fémina color del humo
sueño que palpitas
mojada en mis labios
Y a esa hora en la que todo se contempla,
a esta hora,
aves marinas emergen de entre tus muslos
con historias bañadas de secretos.
Confidencias que pensabas olvidadas.
Historias frías que comienzan a existir
en el pico de los pelícanos
volando sobre tus senos de oro derretido
Mitos que terminan como llama cuando el sol
eyacula
sobre la marea del océano apacible.
Ignora lo sagrado,
ignora por ahora las ciudades
la falsedad en los rostros que se pudren
en tabernas y monasterios
ignora el dios falso que custodia las palpitaciones
de tus yemas enrojecidas.
Y tu clítoris que se expande
No lo olvides.
Siente
Impregna quedamente la dulzura de su néctar
en tus huellas dactilares
en los palmos del sol
con los que ilumina el alba del siguiente día
y así hasta que mueras de nuevo sobre la almohada
porque eres mi sueño
la herida con la que el sol duerme
eres el pretexto por el que nace
y también se oculta
y me oculto para mas no mirarte.



Hugo Ortega Escritor de poesía y cuentos cortos. Ha participado en tres antologías "Lascivo" "Sobrevivientes" "Narrativas arrabaleras"
Ha publicado en la gaceta de la universidad obrera. Pertenece al colectivo "Laberinto de palabras" donde a la fecha imparte un taller de creación literaria en la casa de cultura "Casa refugio Hankili África". Se gana la vida en el comercio informal en el barrio bravo de tepito.
Encuéntrelo en Fb como: Hugo Ortega Vazquez.